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Inteligencia Artificial para abrir los datos oficiales y el sueño de un país «agéntico»

Dante De Agostino

Entrevista a Dante De Agostino, director ejecutivo de Colossus Lab, una fundación que hoy se define como civic tech: desarrolla herramientas de código abierto para cruzar y hacer legibles los datos del Estado argentino.

Desde hace un tiempo en NewsData utilizamos Vigía, un servicio gratuito de monitoreo y alerta sobre la actividad del Estado (decretos, resoluciones, leyes, etc.). Como nos parece una herramienta fantástica para el trabajo periodístico, entrevistamos a Dante De Agostino, director ejecutivo de Colossus Lab, la organización detrás de ese y otros desarrollos que aprovechan el poder de la tecnología para fines cívicos.

Captura de OpenArg

—¿Qué es Colossus Lab y cómo lo definirías hoy como organización?

—Colossus es una fundación que integramos varias personas, cada una especialista en lo suyo. Tenemos especialistas en educación, en economía, especialistas en datos. Nosotros arrancamos haciendo informes sobre la situación de inteligencia artificial en el país y cómo el país podría llegar a suplir una demanda de servidores o de servicios de software.

—¿En qué proyectos están trabajando actualmente?

—El principal es OpenArg, que es como el paraguas de todos los datos que nosotros usamos para todas las aplicaciones. Lo vengo armando desde el principio: al inicio armaba todo a mano, y ahora ya es agéntico (N. de la R.: sistema basado en agentes de IA que ejecutan tareas de forma autónoma).

Nuestra plataforma tiene cuatro agentes: uno busca la información, otro la lee, otro la analiza y otro redacta. Hay que promptear esos agentes para que te den ese tipo de soluciones. Funciona como un chatbot: vos entrás y le podés preguntar: ¿cuántas casas tiene tal diputado? ¿Cuántos autos tiene tal político? Y la idea es que también te dé la posibilidad de poder rebatir con información concreta cualquier cosa que te diga un político.

Captura de Vigía

Tenemos Vigía, que monitorea el Boletín Oficial, ambas cámaras del Congreso, el Banco Central y las consultas públicas. Indexa todo, lo resume con IA en lenguaje claro y te avisa cuando algo que te importa cambia. Y tenemos una segunda plataforma de Vigía que va a ser específica para detección de red flags en licitaciones y compras, que todavía no la lanzamos pero la estamos armando.

Tenemos RadarPBA, que es el que se está usando ahora para relevamientos en escuelas, pero el plan es llevarlo de educación a seguridad, a salud, etcétera.

Y, de los proyectos más importantes, está Club Social, que tiene un gran potencial. Es un sistema para que los clubes puedan automatizar toda la gestión del club. La mayoría de los clubes de barrio mueren por falta de una administración eficiente, que es lo que tratamos de resolver nosotros con esta plataforma.

Captura de Ley de Glaciares

También armamos, en su momento, para la discusión de la ley de glaciares, la plataforma leydeglaciares.tech, que cruza los datos de geolocalización de las mineras con las áreas periglaciares: ahí podías ver bien cuáles periglaciares estaban en peligro y cuáles no.

«Hay mucha desactualización. Debería ser una actualización automatizada, pero el gobierno todavía no llegó a ese nivel.»

—¿Cómo evalúan el estado de los datos abiertos en Argentina?

—Argentina es muy diversa. Tiene mucho hecho a nivel nacional. La ciudad de Buenos Aires también tiene mucho, la provincia de Buenos Aires tiene bastante, Mendoza tiene mucho también —Luján de Cuyo es una de las ciudades que más información tiene—, Córdoba un poco menos. Pero en general falta mucho desarrollo de datos públicos: están desarticulados, están incompletos, hay mucha desactualización.

Por ejemplo, para tener el contenido de las licitaciones al día, en vivo, lo tenés que buscar en la página de Comprar. Pero si vas a la web de datos abiertos, eso se actualiza cada 6 meses. Debería ser una actualización automatizada, pero el gobierno todavía no llegó a ese nivel.

Uno de los datos más importantes que tenemos es el microdato del INDEC: las encuestas de hogares. Es muy complicado analizarlo porque está en un formato que inventó el INDEC y que solamente se usa en R, pero con esta tecnología agéntica de ahora sí lo podés analizar.

—¿De qué forma pueden las y los periodistas aprovechar las herramientas que desarrollan?

—Te doy un ejemplo concreto. Me junté el otro día con un editor de un medio y me decía: «Che, ¿sabés que estoy buscando el contrato de la hidrovía y no lo encuentro por ningún lado?». Y yo se lo encontré en 30 segundos, porque ya lo teníamos en la base de datos de Vigía. El documento estaba publicado en el Boletín Oficial, pero ahí es difícil de encontrar. Para mí, esa posibilidad de acceder a la información, poder comprobar hechos y chequear información es muy importante.

—¿Cómo financian todo este desarrollo?

—Todas nuestras herramientas son de código abierto y gratuitas porque no estamos financiados con dinero, sino con créditos de Amazon Latam y de Vercel. Amazon se acercó a nosotros cuando empezamos a desarrollar OpenArg, y Vercel también se nos acercó a proveernos de créditos en su plataforma. Son dos empresas que se comprometieron a darnos todo lo que sea necesario para mantener el sistema. Después incorporamos también la posibilidad de donaciones.

—¿Cuál es la visión de futuro del proyecto?

—Un país agéntico. Un Estado eficiente es un beneficio para el ciudadano común. Algo fundamental para un país agéntico es el tema de la soberanía de los datos y de la infraestructura tecnológica. Es una cuestión de gobernabilidad de datos: el país debería tener sus propios datos, sus propios servidores, correr toda la información y depender solo de sí mismo. Estonia, pionero en esto del «Estado agéntico», ya lo arregló: es dueño de sus datos y los servidores son de ellos y acceden a esa información solo ellos.

Argentina está en condiciones de no depender de WhatsApp, de Meta. No es caro poner servidores; lo que es caro es poner servidores que corran inteligencia artificial, pero no los que contienen los datos.

Dante comenta abiertamente que la mayoría de los integrantes de Colossus Lab son militantes de PRO y hoy trabajan bajo el liderazgo del diputado nacional Martín Yeza, pero no deja de señalar que el mismo partido en el que milita desde hace 16 años «no está en la nueva evolución de la política» y por eso apuesta por este nuevo espacio que es Colossus Lab, que comenzó como think tank político y hoy es una civic tech, una organización que usa tecnología para que la gestión pública sea más transparente y eficiente.

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