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“Los periodistas de datos pueden entender riesgos y oportunidades”

NewsData entrevistó a Sara Castillejo, una periodista colombiana que construye historias con datos fusionando la programación con el periodismo. Desde sus primeras prácticas en los medios hasta en su rol actual como gestora de inteligencia digital del medio alternativo Mutante, ella propone nuevas estrategias para involucrar a las audiencias en un periodismo de datos más participativo y transformador.

Sara Castillejo, periodista de Mutante. periodismo de datos
Sara Castillejo, periodista de Mutante.

–Te presentás como programadora y periodista, ¿cómo vinculás las dos disciplinas?

Hoy vivo en Bogotá, pero estudié Periodismo en la Universidad de Antioquia, una universidad pública. Antes, había hecho unos estudios que acá se llaman “tecnológicos”, que es un nivel antes de ser profesional. Había estudiado Análisis y Desarrollo de Sistemas de Información. Entonces, cuando llegué al periodismo ya venía al mundo de la programación, ya me había dedicado cuatro años a hacer programas de nómina de cuentas a pagar e inventarios para diferentes empresas del sector privado, pero llegó al periodismo con la intención de cambiar eso completamente. 

Llegué un poco peleada con la lógica de lo que -en ese momento- era para mí un escenario bastante violento y despreocupado, sobre todo con falta de compromiso social. Pensaba que nunca más iba a programar y quería hacer fotografía. Cuando termino la universidad, caí a hacer prácticas en una unidad de periodismo de datos que era gestionada por Ginna Morelo en el periódico El Tiempo, uno de los periódicos nacionales del país. Desde que llegué allá, Ginna me miró y me dijo: “¡¿Como tú sabes hacer todo eso?!”

Ella me mostró una manera de integrar las dos profesiones a través de lo que hoy se conoce como el periodismo de datos. Eso lo hicimos ella y yo en un proyecto de dos, porque en la unidad éramos Ginna y yo. Sacamos adelante proyectos colaborativos que nos llevaron a diferentes partes de la región, que nos hicieron conocer realidades sociales, también integrar el periodismo de datos en temas de derechos humanos, de ambiente, de salud, de política… Fue muy interesante y muy gratificante para mí. Me reconcilié con la programación y sobre todo con el análisis y la visualización de datos. De ahí en adelante, me he presentado siempre como periodista.

Mi rol actual es ser gestora de inteligencia digital en un medio de comunicación alternativo colombiano que se llama Mutante, cuyo principal valor es hacer periodismo participativo, es decir, vincular a las audiencias en la producción del contenido editorial. Ahí estoy acompañando toda la gestión del impacto que quiere tener Mutante. Un tema que para mí es muy apasionante, porque con estas dos visiones -desde el lado técnico o tecnológico y desde el lado del periodismo-, miro de manera crítica y autocrítica esta idealización de la retroalimentación como el único impacto que puede tener el periodismo en la región. 

La única forma de medir el éxito del periodismo no debería ser por métricas de redes sociales. Entonces, en ese proyecto me embarqué aprendiendo mucho y tratando de provocar reflexiones acerca de la reacción del periodismo que estamos haciendo, sobre todo los medios alternativos en la región. 

–¿Qué crees que hay de diferente en el periodismo de datos respecto de otras ramas del periodismo?

No sé si estoy completamente de acuerdo con que el periodismo de datos sea un tipo de periodismo. Yo creo que el periodismo de datos es el tipo de periodismo que hacemos cuando hacemos periodismo en la era digital. Es una metodología necesaria para cualquier periodista digital en este momento de investigación. 

Es un método para investigar todos los temas que ocurren hoy en el mundo porque todos los demás tienen datos y eso es algo que hemos visto con la explosión de los algoritmos y su gestión de nuestras vidas -incluso de nuestro entretenimiento-, así que cualquier tema es susceptible a ser un tema tratado a través de los datos.

Lo que hacemos los periodistas de datos es no perder de vista esa fuente de información que a veces los periodistas tradicionales olvidan y porque están más acostumbrados a fuentes tradicionales como los documentos, la cinta, las entrevistas. Yo hago entrevistas, escribo, pero no pierdo de vista que cada cosa que estoy investigando tiene un enfoque y que los datos aportan conocimiento. 

Pienso también que los periodistas de datos logramos entender riesgos y oportunidades que otros periodistas logran entender, pero quizás un poquito más tarde. Entonces para mí es vital tener siempre esa mirada de “yo sé que puedo pedir información y que la información me va a hablar de una manera que un funcionario no lo haría”, “yo sé que puedo solicitar una base de datos y que la manera como yo la inspeccione me va a decir cosas que jamás un funcionario me diría” y eso es algo que los periodistas tradicionales a veces no logran ver. Ahí es donde veo que hay un potencial del periodismo de datos.

El periodismo de datos también tiene un potencial grande en países como Colombia, que viene desde largos periodos de conflicto armado interno y el trascender la noticia y llevarnos una experiencia, para mí que tiene que ver con la memoria. 

Yo he trabajado en este tipo de procesos. Trabajé en la Comisión para la Verdad de Colombia y trabajé en un museo virtual que se llama Entre Ríos, que es sobre la memoria del conflicto armado en uno de los departamentos más golpeados del país. 

Hacer esa recolección de datos y lograr compartirla, publicarla, hacerla disponible para cualquier persona, hacerla una ventana la memoria es una herramienta para la historia. Es una oportunidad para otros investigadores y es sobre todo un homenaje a las personas que han participado de los procesos históricos de este país. 

De dónde venimos, cuál es el contexto y la historia que tiene nuestro presente son cosas que a veces el periodismo del día a día no logra ver, porque en un país como este y en todos los países de la región, el periodismo de datos se espera un poquito y busca un poco más de información. El periodismo de datos va al pasado y ahí hay un valor fundamental en términos de memoria histórica, de construcción de la memoria.

–¿Saber de análisis de datos o visualización es un diferencial al momento de buscar trabajo como periodista?

–Creo que el mercado del trabajo es cada vez más difícil para todos los perfiles como resultado del avance tecnológico y el impacto de las plataformas en el modelo de negocio de los medios de comunicación. Entonces hay medios que ven esas habilidades en datos como oportunidades, pero hay otros que las ven como algo demasiado ‘pesado’ para un ecosistema de medios que te mide en likes y clicks. 

En mi experiencia, algunos medios tradicionales ven este tipo de skills como un ‘lujo’ que sus redacciones no se pueden dar, porque hacer periodismo con datos toma tiempo, requiere una inversión tecnológica y no es lo más ‘trend’ cuando se publica. Otros medios, en cambio, lo ven como una oportunidad de respaldar su credibilidad y de postularse a premios. 

En toda esta ecuación hay algo verdaderamente triste a mi modo de ver: que el método que mejor puede interpretar un mundo que se datifica aceleradamente se convierta en la excepción y no en la norma entre los profesionales de la información. Que el periodismo masivo esté respondiendo a la complejidad del siglo XIX con las herramientas del siglo XX es una verdadera lástima. Sin embargo, es una mala noticia para el gremio pero no para los profesionales, que cuando aprendemos esta disciplina nos podemos desempeñar en otros roles dentro de la redacción e, incluso, en otras áreas de la comunicación, las humanidades o la política.

–¿Qué lugar cumple la visualización de datos en la noticia? 

La visualización de datos es una herramienta fascinante cuando la sabemos utilizar. La información gráfica viaja de forma mucho más veloz que la escrita. Casi nadie que goce del sentido de la visión puede no entenderla y se necesita un ojo entrenado para refutar. En ese sentido, es tremendamente eficaz a la hora de explicar, analizar e incluso, opinar.

Lastimosamente, los profesionales de la redacción no le sacan tanto provecho como los desinformadores profesionales. Por toda la internet hay millones de gráficas que sustentan verdades no comprobadas, historias absurdas y falsas teorías. Y los medios que más usan gráficas son de nicho, usualmente económicos, y pocas veces la elaboran ellos mismos: mayoritariamente las pegan de un documento técnico que les comparte una fuente.

Entonces pienso que el buen uso de la visualización de datos ayudaría a devolverle a la noticia su relevancia, a darle contundencia, pero que esta tarea no es nada si los medios no trabajamos en recuperar la credibilidad que hemos perdido en los últimos años.

–¿Cuál es la respuesta del público sobre los trabajos de Mutante?

–Mutante es un medio muy particular. Hacemos periodismo lento para redes sociales, tenemos una propuesta que invita a la conversación y valoramos los aportes que los usuarios de nuestras redes hacen a nuestro contenido a través de los comentarios. Durante más de cinco años Mutante ha construido una audiencia muy especial en Instagram y su respuesta muchas veces es sumamente cualificada, aunque no masiva. Trabajamos mucho en cuidar esa audiencia y trabajamos el doble en diversificarla. 

Además, hay mucho periodismo y mucha conversación a través de grupos cerrados que llamamos Comunidades y que gestiona la propia redacción dependiendo de los temas. Para mi, Mutante ha sido un desafío en su rareza, pero me ha llenado de esperanza y ha renovado mi interés en el periodismo porque quiere hacer las cosas de una manera no convencional, frontal con sus audiencias, quiere rendir cuentas y quiere soltar la ficción de la imparcialidad para abrirse a las múltiples parcialidades de nuestra época, con toda la dificultad logística y emocional que eso conlleva.

Por supuesto, esta es una apuesta por la complejidad. El método es complejo, los resultados no son necesariamente lo más entretenido, pero sí nos dejan siempre con una sensación edificante porque las audiencias valoran ese esfuerzo de invitarles a ‘habitar la duda’, como defiende Elizabeth Otálvaro, la directora editorial. 

También, Mutante tiene un cuidado especial con lo gráfico y eso también es un diferencial para los públicos. En síntesis, las personas agradecen el contenido de Mutante, lo guardan, lo descargan de su página web y lo usan como herramienta pedagógica, lo imprimen, lo cuestionan intelectualmente. Es una relación interesante.

 

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